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No todo pensamiento es verdad: cuando la mente se convierte en un lugar inseguro

Hay personas que llegan a terapia con una frase que pesa más de lo que parece:


 “No puedo dejar de pensar.”


No lo dicen como quien describe una actividad cotidiana. Lo dicen con cansancio. Con una sensación de encierro. Como si su propia mente se hubiera convertido en un lugar del que no pueden salir.


Piensan antes de dormir. Piensan al despertar. Piensan mientras trabajan, mientras conversan, mientras intentan descansar. Y, sin embargo, ese pensar constante no les da claridad… les da angustia.


Porque no todo pensamiento es una guía.

A veces, es una trampa.


Cuando pensar deja de ser útil


Pensar es una capacidad fundamental. Nos permite anticipar, resolver, decidir. Sin embargo, en contextos de ansiedad, esta función puede volverse desadaptativa.


La mente comienza a producir escenarios catastróficos, dudas repetitivas e interpretaciones rígidas. Aparecen preguntas sin respuesta:


“¿Y si hice algo mal?”


“¿Y si esta persona me va a fallar?”


“¿Y si algo terrible pasa?”


Desde la Terapia Cognitivo Conductual, estos patrones se comprenden como parte de distorsiones cognitivas como la catastrofización, la sobregeneralización o la lectura de mente (Beck, 2011).


Pero hay un punto clave: la persona intenta resolver el malestar pensando más… y mientras más piensa, menos se calma.


Este fenómeno ha sido ampliamente documentado en la literatura como rumiación, un proceso repetitivo que, lejos de resolver problemas, mantiene y amplifica la ansiedad y la depresión (Nolen-Hoeksema, 2000).


No es el pensamiento, es la relación con él


Más allá del contenido del pensamiento, la evidencia contemporánea señala que el malestar psicológico está profundamente relacionado con la forma en que las personas se vinculan con su experiencia interna.


Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso, se introduce el concepto de fusión cognitiva: un estado en el que los pensamientos son experimentados como verdades literales, en lugar de eventos mentales transitorios (Hayes, Strosahl & Wilson, 2012).


No es lo mismo decir:

“Estoy teniendo el pensamiento de que algo malo pasará”

que afirmar:

“Algo malo va a pasar”.


Esta diferencia implica un cambio radical en la experiencia emocional.


Cuando una persona está fusionada con sus pensamientos, su conducta comienza a organizarse en torno a evitarlos, controlarlos o neutralizarlos, lo que paradójicamente incrementa el malestar (Hayes et al., 2012).


La ilusión del control y la intolerancia a la incertidumbre


Un elemento central en estos procesos es la dificultad para tolerar la incertidumbre.


Diversos estudios han demostrado que la ansiedad se mantiene, en gran medida, por intentos fallidos de alcanzar certeza absoluta (Dugas et al., 1998). Pensar en exceso se convierte en una estrategia para anticipar riesgos y prevenir errores.


Sin embargo, esta estrategia tiene un costo.


La mente ansiosa no busca comprender, busca garantías.

Y la ausencia de garantías perpetúa el ciclo de pensamiento:


Pensamiento → Ansiedad → Más pensamiento → Más ansiedad


Así, la persona queda atrapada en un circuito autorreforzante que deteriora su bienestar psicológico.


Cuando la mente deja de ser un lugar seguro


Uno de los efectos más profundos de este proceso es la pérdida de confianza en la propia experiencia interna.


La persona comienza a dudar de sus decisiones, de sus emociones y de su percepción de la realidad. Se vuelve hipervigilante de su propio pensamiento.


Este fenómeno puede entenderse también desde modelos metacognitivos, donde la creencia de que “pensar es peligroso o incontrolable” incrementa el malestar emocional (Wells, 2009).


La mente deja de ser un espacio de orientación… y se convierte en un lugar de amenaza constante.


El giro terapéutico: aprender a relacionarte distinto con tu mente


En terapia no buscamos que dejes de tener pensamientos.Eso no es posible… y tampoco es necesario.

Lo que sí podemos aprender es algo más importante:no todo lo que pasa por tu mente tiene que dirigir tu vida.


Entonces, ¿qué trabajamos en terapia?


Trabajamos en desarrollar habilidades que te permitan tomar distancia de lo que piensas y elegir cómo responder.

Aquí te explico algunas, de forma sencilla:


1. Observar sin juzgar

Aprender a darte cuenta de lo que estás pensando o sintiendo, sin atacarte por ello.


En lugar de:“¿Por qué pienso esto? Estoy mal.”


Probar con:“Estoy teniendo este pensamiento… y puedo observarlo sin pelearme conmigo.”


2. Tomar distancia de los pensamientos (defusión)

Entender que un pensamiento no es un hecho, es solo una idea que aparece en tu mente.


Ejercicio simple: Agrega la frase “Estoy teniendo el pensamiento de que…”


Por ejemplo:“Voy a fallar” → “Estoy teniendo el pensamiento de que voy a fallar”


Esto ayuda a que el pensamiento pierda fuerza.


3. Volver al presente (atención plena)


Muchas veces la mente está en el futuro (“¿y si pasa…?”) o en el pasado (“¿por qué hice…?”).


Un ejercicio práctico:


Mira a tu alrededor y nombra:

  • 5 cosas que ves

  • 4 cosas que puedes tocar

  • 3 sonidos que escuchas


Esto ayuda a salir del bucle mental y regresar al aquí y ahora.


4. Elegir desde lo que te importa (flexibilidad psicológica)


Aunque tu mente diga “no puedo”, “no es seguro”, “mejor evita”…puedes preguntarte:


¿Qué tipo de persona quiero ser en este momento?

¿Qué decisión me acerca a la vida que quiero construir?


Y actuar desde ahí, no desde el miedo.


Un cambio importante


Esto implica pasar de:

“Necesito controlar lo que pienso para estar bien”a “Puedo elegir cómo actuar, incluso si mi mente está inquieta”


Volver a sentir la mente como un lugar más seguro


Tu mente no tiene que estar en silencio para que tú estés bien.


Puedes tener dudas, miedo o pensamientos incómodos…y aun así tomar decisiones, conectar con otros y avanzar.


Porque estar bien no significa no pensar cosas difíciles.Significa no dejar que esas ideas decidan por ti.


Una idea para llevar contigo


No todo lo que piensas es verdad. Y tampoco todo lo que piensas merece una respuesta.

A veces, lo más sano no es discutir con la mente…es dejarla hablar… sin obedecerle todo.



Referencias 


Beck, J. S. (2011). Cognitive behavior therapy: Basics and beyond (2nd ed.). Guilford Press.


Dugas, M. J., Gagnon, F., Ladouceur, R., & Freeston, M. H. (1998). Generalized anxiety disorder: A preliminary test of a conceptual model. Behaviour Research and Therapy, 36(2), 215–226.


Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and Commitment Therapy: The process and practice of mindful change (2nd ed.). Guilford Press.


Hofmann, S. G., Sawyer, A. T., Witt, A. A., & Oh, D. (2010). The effect of mindfulness-based therapy on anxiety and depression: A meta-analytic review. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 78(2), 169–183.


Nolen-Hoeksema, S. (2000). The role of rumination in depressive disorders and mixed anxiety/depressive symptoms. Journal of Abnormal Psychology, 109(3), 504–511.


Wells, A. (2009). Metacognitive therapy for anxiety and depression. Guilford Press.


 
 
 

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