Cuando no sabemos qué nos pasa: una lectura clínica del malestar en tiempos actuales
Hay una escena que se repite en consulta.
No importa la edad, ni el contexto, ni la historia previa.
La persona se sienta, hace una pausa… y dice:
“No sé cómo explicarlo… pero no estoy bien.”
A veces, cuando logra acercarse un poco más a lo que siente, aparece una palabra:
“Creo que es ansiedad.”
Y muchas veces lo es.Pero muchas veces… también es algo más.
Lo que dicen los datos… y lo que nos enseña la clínica
En el Centro de Psicología Althea hemos revisado nuestras solicitudes de atención psicológica.
Los datos muestran que la ansiedad es el motivo de consulta más frecuente.Esto coincide con lo que múltiples estudios a nivel global han señalado sobre el aumento de síntomas ansiosos en la población general.
Sin embargo, en la práctica clínica ocurre algo importante:
Lo que las personas nombran como “ansiedad” en un primer momento,no siempre es la totalidad de lo que está ocurriendo.
Muchas veces, “ansiedad” es la puerta de entrada. No el mapa completo.
Cuando la ansiedad es solo la superficie
En consulta, al avanzar en la evaluación y conceptualización del caso, comienzan a aparecer otras capas:
Experiencias de pérdida no elaboradas
Relaciones que generan ambivalencia o dolor
Historias de invalidación emocional
Exigencias internas muy rígidas
Dificultades en la regulación emocional
Patrones de evitación o sobrecontrol
Desde un enfoque transdiagnóstico (Barlow et al., 2017), entendemos que:
Los síntomas no ocurren de manera aislada, sino como expresión de procesos psicológicos más amplios.
Esto significa que lo que inicialmente se vive como “ansiedad” puede estar sostenido por:
Miedo al abandono
Necesidad de control
Dificultad para tolerar la incertidumbre
Historia de apego inseguro
Experiencias previas de trauma o estrés acumulado
Y es en ese proceso de comprensión donde algo empieza a cambiar.
La importancia de conceptualizar, no solo etiquetar
En Althea no trabajamos únicamente desde la etiqueta diagnóstica.Trabajamos desde la conceptualización clínica del caso.
Esto implica comprender:
Qué está ocurriendo
Por qué está ocurriendo
Qué lo mantiene
Qué lo activa
Y qué recursos tiene la persona para afrontarlo
Como plantea Beck (2011), la comprensión del caso permite diseñar intervenciones más precisas y efectivas.
Pero más allá de la técnica, tiene un efecto profundamente humano:
Permite que la persona deje de sentirse “confundida”y empiece a entenderse.
Y entenderse… ya es una forma de alivio.
Cambiar la relación con la experiencia
Desde enfoques como ACT (Hayes et al., 2012) y DBT (Linehan, 2015), sabemos que el objetivo no es eliminar los síntomas de forma inmediata, sino transformar la relación con ellos.
Esto implica:
Dejar de luchar contra cada pensamiento
Aprender a sostener emociones difíciles sin colapsar
Identificar patrones automáticos
Elegir acciones alineadas a valores
En este proceso, muchas personas descubren algo importante:
No estaban “fallando”…estaban respondiendo con los recursos que tenían.
Cuando el dolor también viene de los vínculos
Otro de los hallazgos en nuestras solicitudes tiene que ver con las relaciones.
Muchas personas consultan por conflictos de pareja, rupturas o dificultades para vincularse.
Y aquí ocurre algo similar:
Lo que parece un problema relacional,muchas veces también está conectado con:
Miedo a no ser suficiente
Necesidad de validación
Historia de abandono o rechazo
Dificultad para poner límites
Desde la teoría del apego (Bowlby, 1988; Mikulincer y Shaver, 2007), comprendemos que:
La forma en que nos vinculamos hoy,está profundamente influida por cómo aprendimos a vincularnos antes.
El malestar cambia de forma, no desaparece
Los datos también reflejan algo que vemos todos los días:
El sufrimiento se expresa distinto según la etapa de vida.
En la niñez → a través de la conducta
En la adolescencia → con ansiedad y desregulación emocional
En la adultez → en la intersección entre ansiedad, identidad y vínculos
En la vejez → en formas más silenciosas, pero igualmente significativas
Esto coincide con modelos del desarrollo (Cicchetti y Rogosch, 2002), donde el síntoma es entendido como una forma de adaptación al contexto.
Lo que ocurre cuando hay un buen acompañamiento
Cuando una persona logra:
Comprender lo que le ocurre
Identificar los procesos que están en juego
Desarrollar herramientas para relacionarse distinto con su experiencia
algo empieza a transformarse.
No siempre desaparece el malestar de inmediato. Pero cambia la forma en que se vive.
Y eso tiene un impacto directo en:
La toma de decisiones
La calidad de las relaciones
La sensación de agencia personal
El bienestar general
En términos clínicos, hablamos de un aumento en la flexibilidad psicológica, uno de los indicadores más sólidos de salud mental (Kashdan y Rottenberg, 2010).
Pero en términos humanos, podríamos decirlo de otra forma:
La vida deja de sentirse como algo que hay que soportar,y empieza a sentirse como algo que se puede habitar.
5 claves para empezar a comprender y acompañarte mejor
Este espacio no sustituye un proceso terapéutico,pero puede ayudarte a dar primeros pasos importantes:
1. Nombra lo que sientes, aunque no sea perfecto
No necesitas una palabra exacta.Nombrar abre el proceso de comprensión.
2. Distingue entre pensamiento y realidad
Pregúntate:¿Esto es un hecho o una interpretación?
3. Observa patrones, no solo momentos
¿Qué lo activa? ¿Qué lo mantiene?
4. Valida lo que sientes
Tu experiencia tiene sentido en tu historia.
5. Busca acompañamiento a tiempo
No necesitas estar “muy mal” para pedir ayuda.
Una reflexión final
Nombrar lo que sentimos es importante. Pero entenderlo… lo transforma.
Si has pensado que lo que te pasa es “ansiedad”…puede que sí lo sea.
Pero también puede ser una historia más amplia, más compleja, más humana.
Y merece ser comprendida en su totalidad.
Porque cuando dejamos de ver el síntoma como el enemigo,y empezamos a verlo como una señal…
la terapia deja de ser solo un espacio de alivio,y se convierte en un espacio de sentido.
Referencias
Barlow, D. H., Farchione, T. J., Bullis, J. R., Gallagher, M. W., Murray-Latin, H., Sauer-Zavala, S., Bentley, K. H., Thompson-Hollands, J., Conklin, L. R., Boswell, J. F., & Cassiello-Robbins, C. (2017). Unified protocol for transdiagnostic treatment of emotional disorders: Therapist guide (2nd ed.). Oxford University Press.
Beck, J. S. (2011). Cognitive behavior therapy: Basics and beyond (2nd ed.). Guilford Press.
Bowlby, J. (1988). A secure base: Parent-child attachment and healthy human development. Basic Books.
Cicchetti, D., & Rogosch, F. A. (2002). A developmental psychopathology perspective on adolescence. Development and Psychopathology, 14(3), 667–688. https://doi.org/10.1017/S0954579402003095
Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and commitment therapy: The process and practice of mindful change (2nd ed.). Guilford Press.
Kashdan, T. B., & Rottenberg, J. (2010). Psychological flexibility as a fundamental aspect of health. Clinical Psychology Review, 30(7), 865–878. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2010.03.001
Linehan, M. M. (2015). DBT skills training manual (2nd ed.). Guilford Press.
Mikulincer, M., & Shaver, P. R. (2007). Attachment in adulthood: Structure, dynamics, and change. Guilford Press.


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