No todos los inicios tienen que ser perfectos
- Raquel Suazo
- 7 ene
- 4 Min. de lectura
Empezar casi nunca se siente tan sencillo como pensamos. No porque no sepamos qué hacer, sino porque muchas veces creemos que, para iniciar, todo debería estar claro, ordenado y bajo control. Esta expectativa de perfección en los comienzos es más común de lo que parece y, desde la psicología, se reconoce como una de las formas más frecuentes de bloqueo emocional.
Diversos autores han señalado que la autoexigencia elevada y el miedo al error no siempre impulsan el cambio, sino que pueden generar evitación y postergación (Frost y otros., 1990; Egan, Wade y Shafran, 2011). Cuando una persona siente que debe “empezar bien” o “no fallar”, el inicio deja de ser un paso posible y se convierte en una prueba de valor personal.
Empezar también es aprender
Desde una perspectiva psicológica, el cambio no ocurre de manera inmediata ni perfecta. Se construye a través de intentos sucesivos, ajustes y aprendizajes progresivos. Bandura (1997) explica que la confianza en la propia capacidad - la autoeficacia - se fortalece principalmente a partir de experiencias graduales de logro, no de ejecuciones impecables desde el primer intento.
En psicoterapia, este principio es fundamental. No se espera que una persona llegue a consulta con todo resuelto, ni que aplique estrategias de forma correcta desde el inicio. El proceso terapéutico se entiende como un espacio de exploración y construcción, donde incluso los errores y las dificultades aportan información valiosa para el trabajo clínico (Beck, 2011).
La trampa del perfeccionismo
La investigación distingue entre el deseo saludable de hacer las cosas bien y el perfeccionismo clínico, caracterizado por estándares rígidos, autocrítica intensa y una evaluación personal basada casi exclusivamente en el rendimiento (Shafran, Cooper y Fairburn, 2002). En estos casos, iniciar algo nuevo puede vivirse como una amenaza: si no sale perfecto, se confirma una sensación de insuficiencia.
Este tipo de perfeccionismo se asocia con mayores niveles de ansiedad, depresión y dificultades para sostener cambios a largo plazo (Egan y otros, 2011). Así, la búsqueda de un inicio ideal termina funcionando como una forma de protección emocional a corto plazo, pero con un alto costo psicológico.
Empezar con miedo también es empezar
Desde los enfoques contextuales, como la Terapia de Aceptación y Compromiso, se plantea que muchas personas esperan sentirse tranquilas o seguras antes de actuar. Sin embargo, Hayes, Strosahl y Wilson (1999) señalan que el cambio significativo ocurre cuando una persona se permite avanzar a pesar del malestar, orientándose por lo que es valioso, no por la ausencia de miedo.
En este sentido, empezar no implica estar listo, sino estar dispuesto. Dispuesto a sentir incomodidad, a no tener todas las respuestas y a aprender en el camino.
La importancia de la autocompasión
Uno de los recursos psicológicos más importantes para tolerar los inicios imperfectos es la autocompasión. Neff (2003) la define como la capacidad de tratarnos con amabilidad frente al error, reconociendo que equivocarse forma parte de la experiencia humana. La evidencia muestra que las personas con mayor autocompasión presentan menor autocrítica y mayor persistencia ante las dificultades (Neff y Germer, 2013).
Esto resulta clave: cuando el error no se vive como una falla personal, sino como parte del proceso, el inicio deja de ser paralizante y se vuelve posible.
Un comienzo suficiente es un buen comienzo
Desde una mirada clínica, no se trata de eliminar expectativas, sino de hacerlas más realistas y humanas. Comenzar con un paso pequeño, posible y ajustado a la realidad actual favorece la continuidad y el compromiso con el proceso. Como plantea Dweck (2006), adoptar una mentalidad de crecimiento permite entender el inicio como una oportunidad para aprender, no como una evaluación definitiva de nuestras capacidades.
En Centro de Psicología Althea entendemos que los procesos personales no necesitan perfección para ser valiosos. Necesitan acompañamiento, tiempo y un espacio seguro donde equivocarse también esté permitido. Si sentís que algo en tu vida necesita empezar, incluso con dudas o temor, ese puede ser un punto de partida legítimo.
Por ello te dejamos 5 claves para recordar:
Empezar no requiere certeza, requiere permiso.
La claridad no siempre precede al inicio; muchas veces se construye en el camino. Esperar sentirse completamente listo puede ser una forma de postergar lo que ya necesita comenzar.
La perfección no impulsa el cambio, lo bloquea.
Cuando el inicio se vive como una prueba de valor personal, el miedo al error toma el control. Los procesos sostenibles nacen de la flexibilidad, no de la exigencia extrema.
Un inicio imperfecto también es un acto de cuidado personal.
Permitirse empezar con dudas, miedo o incomodidad es una forma de respeto hacia la propia experiencia humana, no una señal de debilidad.
Aprender es avanzar con errores, no evitarlos.
Cada intento, incluso cuando no sale como se esperaba, aporta información valiosa. El progreso real ocurre cuando el error deja de ser una amenaza y se convierte en parte del proceso.
Un comienzo posible siempre es mejor que un comienzo ideal que nunca llega.
Dar un paso pequeño, realista y humano hoy tiene más impacto que esperar indefinidamente el momento perfecto.
No todos los inicios tienen que ser perfectos. Algunos solo necesitan ser posibles.
Referencias
Bandura, A. (1997). Self-efficacy: The exercise of control. New York: W. H. Freeman.
Beck, J. S. (2011). Cognitive behavior therapy: Basics and beyond (2nd ed.). New York: Guilford Press.
Dweck, C. S. (2006). Mindset: The new psychology of success. New York: Random House.
Egan, S. J., Wade, T. D., y Shafran, R. (2011). Perfectionism as a transdiagnostic process: A clinical review. Clinical Psychology Review, 31(2), 203–212.
Frost, R. O., Marten, P., Lahart, C., y Rosenblate, R. (1990). The dimensions of perfectionism. Cognitive Therapy and Research, 14, 449–468.
Hayes, S. C., Strosahl, K. D., y Wilson, K. G. (1999). Acceptance and commitment therapy: An experiential approach to behavior change. New York: Guilford Press.
Neff, K. D. (2003). Self-compassion: An alternative conceptualization of a healthy attitude toward oneself. Self and Identity, 2(2), 85–101.
Neff, K. D., & Germer, C. K. (2013). A pilot study and randomized controlled trial of the mindful self-compassion program. Journal of Clinical Psychology, 69(1), 28–44.
Shafran, R., Cooper, Z., y Fairburn, C. G. (2002). Clinical perfectionism: A cognitive–behavioural analysis. Behaviour Research and Therapy, 40(7), 773–791.

Comentarios