Cuando el alma busca forma: Una reflexión clínica sobre los Therians y los nuevos lenguajes de identidad
- Raquel Suazo
- hace 20 horas
- 5 Min. de lectura
Hay maneras de nombrarse que hace apenas unos años no existían en el vocabulario clínico.
Hoy, algunos adolescentes y adultos jóvenes expresan sentirse profundamente conectados con un animal. No lo describen como una simple metáfora ni como un juego simbólico pasajero, sino como una vivencia interna significativa que forma parte de su identidad. A estas personas se les conoce como Therians.
Para padres, docentes e incluso profesionales de la salud mental, este fenómeno puede generar preguntas legítimas:
¿Se trata de un trastorno?
¿Es una forma contemporánea de expresión?
¿Es señal de malestar psicológico?
¿O es una nueva manera de narrarse en un mundo donde las identidades ya no se viven como estructuras rígidas, sino como procesos dinámicos y fluidos?
Como clínicos, nuestra tarea no es responder desde el temor o el juicio, sino desde la comprensión informada y la escucha profunda.
¿Qué significa ser Therian?
El término Therian proviene del griego therion, que significa “bestia” o “animal salvaje”. En su uso contemporáneo, describe a personas que experimentan una identidad interna parcial o profunda asociada con un animal no humano (Lupa, 2007).
Es fundamental aclarar algo desde el inicio:
ser Therian no implica necesariamente creer que el cuerpo físico es un animal. No se trata, en la mayoría de los casos, de una pérdida del juicio de realidad. Se trata de una experiencia subjetiva de identidad, conexión simbólica o vivencia psicológica significativa.
Esta experiencia puede expresarse de diversas maneras:
Sentir una afinidad emocional intensa con un animal específico.
Utilizar esa identidad como una forma de comprender rasgos propios.
Experimentar lo que denominan “desplazamientos” (sensación subjetiva de características animales en el plano imaginativo o psicológico).
Emplear esa identidad como recurso de regulación emocional o sentido de pertenencia.
Desde la psicología contemporánea, estas vivencias pueden entenderse dentro del marco de la identidad narrativa y simbólica (McAdams, 2001), es decir, como intentos de organizar la experiencia interna en una historia coherente sobre quién se es.
¿Se trata de un trastorno mental?
Esta es, quizá, la inquietud más frecuente.
Actualmente, identificarse como Therian no está clasificado como trastorno mental en el DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022).
La clínica contemporánea establece un criterio central:
Una experiencia se considera patológica cuando genera sufrimiento clínicamente significativo, deterioro funcional o una desconexión grave de la realidad compartida.
No es la identidad en sí lo que define la psicopatología, sino su impacto en el funcionamiento psicológico, social y ocupacional.
Desde esta perspectiva, es necesario diferenciar entre:
Identidad simbólica o narrativa → no patológica.
Experiencias asociadas a disociación severa, psicosis o deterioro funcional significativo → requieren evaluación clínica cuidadosa.
La evidencia disponible sugiere que la mayoría de personas que se identifican como Therians mantienen intacta su capacidad de distinguir entre experiencia interna y realidad externa (Robertson, 2013).
Identidad, adolescencia y la necesidad de existir psicológicamente
La adolescencia es, por definición, una etapa de reorganización profunda del self.
Erik Erikson (1968) describió este periodo como una búsqueda central de identidad: la tarea de responder a la pregunta “¿Quién soy?”.
En un contexto contemporáneo marcado por la hiperconectividad digital, la presión social y la sensación de incertidumbre, muchos jóvenes recurren a narrativas simbólicas para organizar su mundo interno.
Desde la teoría de la identidad narrativa (McAdams, 2001), sabemos que el ser humano no solo vive experiencias: las transforma en historias que le permiten dotar de sentido a su existencia.
En este marco, la identidad Therian puede cumplir diversas funciones psicológicas:
Servir como recurso simbólico de autoorganización.
Permitir expresar aspectos emocionales difíciles de verbalizar.
Facilitar pertenencia y comunidad.
Dar forma y significado a una experiencia interna compleja.
En clínica, no es la forma lo que determina el significado. Es la función.
El papel de las redes sociales: cuando la identidad encuentra comunidad
Internet ha transformado radicalmente la manera en que las personas construyen identidad.
Fenómenos que antes podían vivirse en aislamiento ahora encuentran lenguaje, comunidad y validación. Este proceso ha sido ampliamente estudiado en la teoría de identidad social (Tajfel y Turner, 1979).
Para algunos jóvenes, descubrir el término Therian no crea la experiencia; simplemente la nombra.
El lenguaje no siempre inventa. A veces, revela.
Sin embargo, también es clínicamente responsable reconocer que la adolescencia es un periodo de alta plasticidad identitaria (Steinberg, 2014). Las dinámicas de imitación, pertenencia y validación social pueden influir en procesos de identificación.
Esto no invalida la experiencia. Pero sí subraya la importancia del acompañamiento adulto comprensivo, regulador y no alarmista.
El verdadero reto clínico no es la identidad, es el sufrimiento
Desde una perspectiva clínica rigurosa, la pregunta relevante no es:
“¿Es correcto o incorrecto identificarse como Therian?”
La pregunta es:
“¿Qué función cumple esta identidad en la vida psicológica de esta persona?”
Porque detrás de muchas formas identitarias pueden existir necesidades humanas profundas:
Necesidad de pertenecer.
Necesidad de ser visto.
Necesidad de sentirse seguro.
Necesidad de existir emocionalmente con legitimidad.
Carl Rogers (1959) planteaba que el sufrimiento psicológico no surge de quién una persona es, sino de la imposibilidad de ser aceptada en su experiencia interna.
Cuando la identidad se convierte en refugio frente al rechazo o la incomprensión, el trabajo clínico no consiste en desmantelarla sin entenderla.
El rol del terapeuta: comprender antes que clasificar
La práctica clínica no es un ejercicio de etiquetado rápido, sino de exploración significativa.
Un terapeuta responsable no inicia preguntándose si la identidad es “normal”.
Se pregunta:
¿Esta identidad protege o limita?
¿Emergió como estrategia de supervivencia emocional?
¿Facilita la vida o la restringe?
Las terapias contextuales, particularmente la Terapia de Aceptación y Compromiso (Hayes, Strosahl y Wilson, 1999), no buscan modificar la identidad como tal, sino promover flexibilidad psicológica: la capacidad de vivir una vida valiosa, incluso en presencia de experiencias internas complejas.
La meta no es borrar la identidad.
Es ampliar la libertad psicológica.
Reflexión final: más allá del nombre, está la experiencia humana
A lo largo de la historia, los seres humanos han recurrido a símbolos, metáforas y narrativas para comprender aquello que resulta difícil de explicar en términos estrictamente racionales.
Los Therians, más que representar un trastorno en sí mismos, representan una pregunta contemporánea sobre identidad, pertenencia y significado.
En última instancia, lo clínicamente relevante no es el nombre que alguien elija para sí, sino el dolor, o la ausencia de él, que acompaña esa elección.
Como profesionales de la salud mental, nuestro desafío no es temer lo nuevo.
Es sostenerlo con pensamiento crítico, sensibilidad ética y escucha profunda.
Porque, a veces, detrás de una persona que dice sentirse como un animal, hay alguien intentando organizar su experiencia interna en un mundo que todavía le resulta difícil de habitar.
Y esa, en esencia, es una tarea profundamente humana.
Referencias
American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR). American Psychiatric Publishing.
Erikson, E. H. (1968). Identity: Youth and crisis. W. W. Norton & Company.
Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (1999). Acceptance and commitment therapy: An experiential approach to behavior change. Guilford Press.
Lupa. (2007). A field guide to otherkin. Immanion Press.
McAdams, D. P. (2001). The psychology of life stories. Review of General Psychology, 5(2), 100–122. https://doi.org/10.1037/1089-2680.5.2.100
Robertson, V. L. (2013). The beast within: Anthrozoomorphic identity and alternative spirituality in the otherkin community. Nova Religio: The Journal of Alternative and
Emergent Religions, 16(3), 7–30. https://doi.org/10.1525/nr.2013.16.3.7
Rogers, C. R. (1959). A theory of therapy, personality, and interpersonal relationships: As developed in the client-centered framework. En S. Koch (Ed.), Psychology: A study of a science (Vol. 3, pp. 184–256). McGraw-Hill.
Steinberg, L. (2014). Age of opportunity: Lessons from the new science of adolescence. Houghton Mifflin Harcourt.
Tajfel, H., & Turner, J. C. (1979). An integrative theory of intergroup conflict. En W. G. Austin & S. Worchel (Eds.), The social psychology of intergroup relations (pp. 33–47). Brooks/Cole.

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