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Cuando la soledad busca refugio en una pantalla: el doble filo de las redes sociales y la prevención del suicidio

hace 10 minutos
14 min de lectura

De Komanche a Mundo Saturno: entre el acoso digital, la responsabilidad colectiva y la música como espacio de encuentro.


Las redes sociales: el mismo espacio que puede herir también puede acompañar


Las redes sociales se han convertido en uno de los escenarios más influyentes de nuestra vida cotidiana. En ellas construimos relaciones, compartimos experiencias, buscamos entretenimiento, expresamos opiniones y, muchas veces, intentamos encontrar alivio para aquello que nos resulta difícil afrontar fuera de una pantalla.


Sin embargo, existe una contradicción que merece nuestra atención: los mismos espacios digitales que permiten construir comunidades de apoyo también pueden convertirse en escenarios de rechazo, humillación, acoso y sufrimiento psicológico.


Una publicación puede acercarnos a alguien que comprende nuestra experiencia, pero también exponernos a comentarios que profundizan nuestras inseguridades. Una transmisión en vivo puede ofrecer compañía durante una noche difícil, pero también convertirse en un lugar donde el sufrimiento de una persona es ridiculizado frente a cientos de espectadores.


Esta dualidad nos obliga a formular una pregunta que va más allá del uso individual de las plataformas:


¿Somos suficientemente conscientes de la responsabilidad que tenemos sobre aquello que compartimos, promovemos y normalizamos en las redes sociales?


El reciente fallecimiento del creador de contenido salvadoreño conocido como Komanche ha generado conversaciones sobre la salud mental, el acoso digital y la vulnerabilidad emocional de quienes construyen parte de su vida en espacios públicos.


Komanche había hablado anteriormente sobre sus dificultades de salud mental y experiencias de sufrimiento psicológico. Su historia nos recuerda que la visibilidad pública no protege a una persona de experimentar dolor, soledad o desesperanza.


Es importante precisar que no corresponde atribuir las causas de su fallecimiento al acoso digital ni a otras circunstancias sin información oficial suficiente. Tampoco es posible establecer relaciones causales entre publicaciones, conflictos digitales y una muerte individual a partir de lo observado en redes sociales.


Pero sí podemos reflexionar sobre algo ampliamente documentado por la investigación: el acoso, la humillación y la violencia psicológica en entornos digitales pueden tener consecuencias importantes para el bienestar emocional.


Y esa reflexión no debería limitarse a una noticia.


Debería transformar nuestra manera de participar en el mundo digital.


Latinoamérica: una región conectada, pero no necesariamente acompañada


La experiencia de soledad no depende exclusivamente de la cantidad de personas con las que interactuamos.


Desde la psicología, la soledad se comprende como una experiencia subjetiva que aparece cuando existe una distancia entre las relaciones sociales que deseamos y aquellas que percibimos tener.


Una persona puede contar con miles de seguidores, recibir mensajes constantemente y participar en comunidades digitales, pero experimentar una profunda sensación de desconexión emocional.


La Organización Mundial de la Salud (2025), en su informe From loneliness to social connection, estimó que aproximadamente una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad. En la Región de las Américas, que incluye Latinoamérica, el Caribe y Norteamérica, la prevalencia estimada fue del 13.6 %.


El problema adquiere especial relevancia cuando consideramos su relación con la salud mental.


Holt-Lunstad y colaboradores (2015) identificaron asociaciones entre soledad, aislamiento social y mayor riesgo de mortalidad. Por su parte, la teoría interpersonal del suicidio de Joiner (2005) y Van Orden y colaboradores (2010) destaca la importancia de la pertenencia frustrada y la percepción de ser una carga para los demás en la comprensión del deseo suicida.


Estos factores no explican por sí solos la conducta suicida, pero ayudan a comprender por qué sentirse desconectado de los demás puede incrementar la vulnerabilidad emocional.

En Latinoamérica, la prevención del suicidio constituye además una preocupación de salud pública.


La Organización Panamericana de la Salud (2025) ha advertido sobre el incremento de la mortalidad por suicidio en la Región de las Américas. Asimismo, los informes regionales muestran importantes diferencias entre países, grupos de edad y condiciones sociales.


No podemos interpretar estas realidades sin considerar las desigualdades económicas, las experiencias migratorias, la violencia, el estigma asociado a los trastornos mentales y las dificultades de acceso a servicios especializados.


Pero tampoco podemos ignorar que una parte significativa de nuestras relaciones se desarrolla ahora en plataformas digitales.


La pregunta ya no es únicamente cómo fortalecer las redes de apoyo tradicionales, sino cómo promover formas de convivencia digital que no profundicen el sufrimiento y que puedan facilitar conexiones humanas significativas.


Cuando la pantalla se convierte en refugio: una mirada desde Althea


En el Centro de Psicología Althea, a partir de una revisión descriptiva de las últimas 280 personas atendidas, se identificaron diferentes estrategias utilizadas para afrontar experiencias de dolor emocional y soledad.


¿A dónde recurren las personas cuando sienten dolor emocional o soledad?



Datos institucionales preliminares de Althea. Las categorías y porcentajes fueron proporcionados por el centro; no representan prevalencias nacionales ni resultados de una muestra probabilística.


De las 280 personas revisadas, 224 señalaron utilizar redes sociales para amortiguar su dolor emocional o soledad; 28 buscaron conversar con otra persona y expresar lo que estaban viviendo; 14 recurrieron al deporte y otras 14 buscaron ayuda inmediata ante el temor que les generaba su malestar.


Aunque estos datos no permiten generalizar los resultados a toda la población salvadoreña, plantean una pregunta clínicamente relevante:


¿Por qué tantas personas encuentran en las redes sociales una primera forma de afrontar su sufrimiento?


En algunos casos, las plataformas ofrecen distracción inmediata. En otros, permiten encontrar personas con experiencias similares, participar en comunidades o sentirse acompañados sin tener que revelar abiertamente situaciones personales.


Sin embargo, también existe el riesgo de que el uso de redes se convierta en una estrategia de evitación emocional o exponga a las personas a interacciones perjudiciales.


La investigación de Odgers y Jensen (2020) señala que la relación entre tecnología digital y salud mental es compleja y depende de factores individuales y contextuales.


Por su parte, Nesi (2020) destaca que comprender el impacto psicológico de las redes requiere analizar la naturaleza de las experiencias digitales, y no solamente el tiempo que las personas permanecen conectadas.


En otras palabras, no basta con preguntarnos cuántas horas pasamos en TikTok, Instagram o Facebook.


Necesitamos preguntarnos qué experimentamos durante ese tiempo.


¿Nos sentimos escuchados o juzgados?


¿Encontramos información que nos ayuda o contenidos que aumentan nuestra angustia?


¿Participamos en comunidades que promueven el respeto o en espacios donde la humillación se convierte en entretenimiento?


La calidad de nuestras interacciones digitales puede ser tan importante como la cantidad de tiempo que dedicamos a ellas.


El acoso digital: cuando el entretenimiento se construye sobre el sufrimiento ajeno


El acoso digital puede adoptar diferentes formas: insultos reiterados, difusión de rumores, burlas públicas, amenazas, exclusión intencional, hostigamiento y exposición de información personal.


En ocasiones, estas conductas son justificadas como humor, entretenimiento o parte de la dinámica habitual de las plataformas.


Sin embargo, que una conducta sea frecuente no significa que sea psicológicamente inocua.

Una revisión sistemática y metaanálisis realizada por John y colaboradores (2018) encontró asociaciones entre la victimización por ciberacoso y conductas autolesivas y suicidas en niños y adolescentes. Estos hallazgos no demuestran que el acoso digital sea una causa única o inevitable de tales conductas, pero sí refuerzan la importancia de considerarlo un factor de riesgo relevante.


El sufrimiento emocional puede intensificarse cuando una persona percibe que no tiene control sobre la exposición pública, que su reputación está siendo dañada o que las agresiones continúan incluso cuando abandona físicamente un entorno.


En el caso de las figuras públicas digitales, la exposición puede adquirir dimensiones particulares.


Los creadores de contenido reciben constantemente opiniones sobre su apariencia, decisiones, relaciones personales y comportamiento.


La popularidad puede generar reconocimiento, pero también facilitar formas de deshumanización cuando la audiencia comienza a tratar a una persona como si fuera únicamente un personaje disponible para el consumo público.


La historia de Komanche nos invita a reflexionar sobre esta dinámica, sin convertir su fallecimiento en una explicación simplista del impacto del acoso digital.


No conocemos la totalidad de la experiencia psicológica de una persona por observar sus transmisiones o publicaciones.


Pero sí sabemos que ridiculizar el sufrimiento, normalizar el hostigamiento o convertir la vulnerabilidad en espectáculo son prácticas incompatibles con una cultura de prevención.


La libertad de expresión no elimina la responsabilidad de reconocer que nuestras palabras pueden afectar a otras personas.


Y la cantidad de espectadores nunca debería utilizarse como justificación para humillar.


El otro lado de las redes: comunidades que pueden convertirse en espacios seguros


Si las redes sociales pueden amplificar experiencias de rechazo, también tienen el potencial de facilitar apoyo social, conexión y sentido de pertenencia.


Esto es especialmente importante para personas que atraviesan duelos, procesos migratorios, rupturas afectivas o experiencias de aislamiento.


Las comunidades digitales permiten establecer vínculos entre personas que viven en países diferentes, pero que comparten intereses, historias o experiencias emocionales.


Una persona en El Salvador puede sentirse acompañada por una transmisión realizada desde Venezuela. Alguien en México puede encontrar identificación en una canción interpretada por un músico de San Cristóbal. Una comunidad puede reunir a personas de diferentes países latinoamericanos que encuentran en la música un lenguaje compartido.


Estos espacios no son automáticamente seguros por presentarse como comunidades de apoyo.


La seguridad emocional requiere prácticas concretas: respeto, límites, moderación responsable, protección de la privacidad y reconocimiento de situaciones que necesitan atención profesional.


Pero cuando estas condiciones se promueven, las redes sociales pueden contribuir a que algunas personas encuentren experiencias significativas de conexión.


Y es aquí donde la música adquiere un lugar especial.


Mundo Saturno: del club de corazones rotos a una comunidad de acompañamiento


Nelson Angulo es un músico venezolano originario de San Cristóbal que ha creado en TikTok un espacio llamado Mundo Saturno.


Su propuesta se desarrolla alrededor de la música, pero también de una convicción personal: la importancia de reconocer el sufrimiento humano, acompañar a quienes atraviesan momentos difíciles y apoyar las causas relacionadas con la salud mental.


El origen de Mundo Saturno tiene un significado profundamente simbólico.

Antes, el espacio se llamaba El club de corazones rotos.


Era una comunidad en la que coincidían personas que atravesaban experiencias de pérdida, dolor emocional y dificultades personales.


Con el paso del tiempo, Nelson observó que algunas de ellas comenzaron a sentirse mejor.

Cuando se le preguntó por el significado del nuevo nombre, explicó que Saturno representa, desde su interpretación mitológica, al dios del tiempo y la idea de que las heridas pueden encontrar alivio con los años.


Según su experiencia, algunas personas fueron sanando porque encontraron un lugar seguro, mientras otras necesitaban sentirse acompañadas durante sus procesos.

Esta transformación tiene un valor particular.


El club de corazones rotos no desapareció porque sus integrantes dejaran de tener dificultades.


Se transformó en un espacio que reconoce que las personas pueden reconstruirse, desarrollar nuevos vínculos y encontrar formas diferentes de relacionarse con su historia.


La experiencia personal de Nelson también está atravesada por el duelo.


La pérdida de su padre representó un momento difícil, al que se sumó el sufrimiento emocional de su madre después de aquella muerte.


Durante ese proceso, la música adquirió una función importante.


Nelson relata que transformó parte de aquellas experiencias en canciones.


Y cuando se le preguntó si la música lo había ayudado a atravesar los momentos más difíciles de su vida, respondió:


"Sí, la música siempre me salva y me consuela. Es mi mayor terapia".

Esta expresión tiene un significado personal, no clínico.


La música no reemplaza la psicoterapia, la atención psiquiátrica ni las intervenciones especializadas cuando son necesarias.


Sin embargo, puede convertirse en un recurso complementario para expresar emociones, conectar con recuerdos, facilitar la regulación emocional y construir experiencias compartidas.


La revisión de Aalbers y colaboradores (2017), publicada por Cochrane, encontró que la musicoterapia añadida al tratamiento habitual puede contribuir a reducir síntomas depresivos. No obstante, sus resultados corresponden a intervenciones terapéuticas estructuradas y no deben trasladarse automáticamente a cualquier experiencia musical.


Lo valioso de espacios como Mundo Saturno no consiste en atribuirles capacidades clínicas que no han sido demostradas.


Consiste en reconocer que la música puede facilitar conversaciones sobre temas difíciles y que una comunidad puede contribuir a que algunas personas se sientan escuchadas.


Durante 2026, Nelson compuso una canción dedicada a la prevención del suicidio.


Su letra aborda la experiencia de atravesar una tormenta emocional, sentirse fragmentado, recordar el dolor y buscar una manera de reconstruirse.


Pero también habla de recuperar experiencias cotidianas, reconocer la existencia de otras personas y recordar que las emociones, incluso las más difíciles, pueden cambiar.


La canción contiene una petición sencilla y profundamente significativa:

"Recuérdame que en realidad no estoy solo".

En términos psicológicos, esta expresión conecta con la necesidad humana de pertenencia.


Y desde la prevención del suicidio nos recuerda la importancia de fortalecer los vínculos, facilitar la búsqueda de ayuda y construir entornos donde expresar el sufrimiento no sea motivo de vergüenza.


Lo que compartimos también construye la cultura digital


Cada publicación, comentario, transmisión y reacción contribuye a construir las normas de convivencia dentro de una comunidad.


Cuando compartimos contenido que ridiculiza a una persona, contribuimos a normalizar esa forma de trato.


Cuando participamos en dinámicas de humillación pública, podemos amplificar el daño, incluso si nuestra intención inicial era simplemente entretenernos.


Cuando difundimos rumores sobre la salud mental o la muerte de alguien, podemos profundizar el sufrimiento de sus familiares y personas cercanas.


Pero también ocurre lo contrario.


Cuando promovemos información confiable, reconocemos el valor de pedir ayuda, respetamos la privacidad y creamos espacios donde las personas pueden expresarse sin temor a ser humilladas, contribuimos a construir una cultura digital más responsable.


Por eso, la prevención del suicidio también necesita involucrar a creadores de contenido, moderadores, comunidades digitales y usuarios.


No se trata de convertir cada transmisión en una sesión de psicoterapia.


Tampoco de exigir que los músicos, artistas o anfitriones asuman responsabilidades que corresponden a profesionales de salud mental.


Se trata de comprender que la influencia digital implica decisiones éticas.


Lo que compartimos importa. Lo que promovemos importa. Lo que normalizamos también importa.


Un creador de contenido puede decidir no participar en dinámicas de humillación.

Un moderador puede intervenir cuando alguien es acosado.

Una comunidad puede evitar que una crisis emocional se convierta en espectáculo.

Y un músico puede utilizar su talento para promover mensajes de conexión, esperanza y búsqueda de apoyo.


Estas acciones no garantizan la prevención de una conducta suicida, pero pueden contribuir a generar condiciones más favorables para el bienestar psicológico.


Levantar la mano: del gesto simbólico a la responsabilidad de responder


En algunas comunidades digitales, levantar la mano se ha convertido en una manera simbólica de expresar que alguien necesita apoyo.


Este gesto puede representar una primera oportunidad para reconocer el sufrimiento.

Sin embargo, la prevención del suicidio no termina cuando alguien expresa que necesita ayuda.


Comienza una responsabilidad de respuesta.


Escuchar sin juzgar, evitar minimizar las emociones, preguntar directamente por pensamientos suicidas cuando existan señales de alarma y facilitar el contacto con recursos profesionales son acciones importantes.


Cuando existe un riesgo inmediato, es necesario activar los servicios de emergencia y procurar que la persona reciba acompañamiento seguro.


Los espacios digitales pueden facilitar una primera conexión, pero no deben sustituir los protocolos de intervención en crisis.


La responsabilidad de una comunidad no es prometer que podrá salvar a todos sus integrantes.


Es reconocer sus límites, promover interacciones respetuosas y saber cuándo orientar hacia ayuda especializada.


En una época donde muchas personas buscan alivio emocional dentro de una pantalla, esta distinción resulta fundamental.


Porque levantar la mano no debería convertirse en un gesto vacío.


Debería encontrar una respuesta humana, responsable y capaz de abrir caminos hacia la ayuda.


De Komanche a Mundo Saturno: ¿qué huella queremos dejar en los demás?


La historia de Komanche nos recuerda que detrás de cada pantalla existe un ser humano cuya vida no conocemos completamente. Que una sonrisa durante una transmisión no necesariamente significa ausencia de sufrimiento. Y que la exposición pública nunca debería hacernos olvidar la dignidad de quienes están del otro lado.


Su fallecimiento nos invita a reflexionar sobre el acoso digital, las palabras que normalizamos y la facilidad con la que el dolor ajeno puede convertirse en entretenimiento.


No podemos afirmar que una experiencia particular haya determinado su muerte. Pero sí podemos reconocer que la violencia digital tiene consecuencias psicológicas y que todos participamos, de alguna manera, en la construcción de la cultura de nuestras comunidades.


A cientos de kilómetros de El Salvador, Nelson Angulo ha construido en Mundo Saturno una propuesta diferente: un espacio donde la música permite encontrarse, compartir experiencias y reconocer que el sufrimiento no tiene que vivirse necesariamente en soledad.


De un club de corazones rotos nació un mundo que lleva el nombre del tiempo. Una metáfora de la posibilidad de reconstruirnos, de encontrar nuevas formas de vivir con nuestras heridas y de comprender que acompañar no siempre significa tener respuestas, sino estar dispuestos a escuchar.


Komanche y Mundo Saturno nos permiten mirar dos dimensiones del mismo universo digital: el riesgo de convertir la vulnerabilidad humana en espectáculo y la oportunidad de construir espacios donde esa vulnerabilidad sea recibida con respeto.


La música no sustituye la psicoterapia. Una transmisión en vivo no reemplaza la intervención en crisis. Y el acompañamiento de una comunidad no elimina la necesidad de atención especializada.


Pero una canción puede abrir una conversación. Una comunidad puede ayudar a alguien a reconocer que necesita apoyo. Y una mano levantada puede convertirse en el inicio de una búsqueda de ayuda.


Por eso, quizás la pregunta más importante que deberíamos hacernos no sea cuántas personas nos siguen, sino qué estamos haciendo con la influencia que tenemos sobre ellas.


¿Qué compartimos? ¿Qué promovemos? ¿Qué conductas aplaudimos? ¿Qué tipo de comunidad estamos ayudando a construir?


Que el recuerdo de Komanche nos invite a ser más responsables con nuestras palabras.


Que Mundo Saturno nos recuerde el valor de crear espacios de conexión humana.


Y que, como sociedad latinoamericana, aprendamos que la prevención del suicidio también implica transformar la manera en que convivimos dentro y fuera de las pantallas.


Porque no deberíamos esperar a que alguien falte para preguntarnos si necesitaba ser escuchado.


Una canción desde Mundo Saturno: recordar que no estamos solos


Quisiera terminar este artículo cediendo el espacio a la música de Nelson Angulo, quien durante 2026 compuso una canción dedicada a la prevención del suicidio.


En sus palabras encontramos la expresión de una persona que atraviesa una tormenta emocional, intenta reunir sus pedazos y necesita que alguien le recuerde que todavía existen vínculos, experiencias y posibilidades más allá del sufrimiento presente.


Comparto su letra íntegra, con autorización del autor, porque también representa aquello que deseo transmitir desde Althea: que el dolor merece ser escuchado y que buscar ayuda puede abrir nuevas posibilidades.



COMPOSICIÓN MUSICAL · PREVENCIÓN DEL SUICIDIO · 2026

Canción de Nelson Angulo

Letra y música: Nelson Angulo | Mundo Saturno, Venezuela


Aquí estoy una vez más.

Todo dentro dando vueltas.

Todo cambia de lugar,

Todo menos la tormenta.


Tiene un poco de cordura

El que pierde la razón,

Aunque a nadie se le nubla eternamente el corazón,

Aunque lo quiera...


Quiero huir de aquel fantasma,

Y los monstruos que dejó,

Resguardando los cerrojos de mis párpados.


Mi voz que aunque quiera nada dice,

Defraudada de gritar.

No me queda ni un espacio de la piel sin cicatrices.

Ya olvidé cómo es la luz.


Recuérdame qué forma tiene la luna.

Lo que se siente correr bajo la lluvia.

Volver a oír esa canción en la radio

Y sonreír con ternura.


Recuérdame que en realidad no estoy solo.

Que siempre hay alguien que me quiere escuchar.

Que cada quien entiende el mundo a su modo.

Y que lo bueno ni lo malo durará una eternidad.


Aquí voy una vez más,

Reuniendo mis pedazos,

Uno a uno mientras pienso cómo unirlos otra vez.


Para volver a empezar,

Para volver a creer.

No me queda ya silencio para refugiarme en él,

Para mantenerme en pie.


Recuérdame qué forma tiene la luna.

Lo que se siente correr bajo la lluvia.

Volver a oír esa canción en la radio

Y sonreír con ternura.


Recuérdame que en realidad no estoy solo.

Que siempre hay alguien que me quiere escuchar.

Que cada quien entiende el mundo a su modo.

Y que lo bueno ni lo malo durará una eternidad.


Letra proporcionada por el autor y reproducida con su autorización.


Que el recuerdo de Komanche nos enseñe a cuidar nuestras palabras.

Que la música de Nelson nos recuerde la importancia de acompañarnos.

Y que cada espacio digital que construyamos sea una oportunidad para reconocer la humanidad de quienes están al otro lado de la pantalla.


Porque la prevención del suicidio también comienza con una decisión cotidiana: elegir que nuestra presencia en la vida de los demás contribuya al respeto, a la conexión y al cuidado.


Referencias bibliográficas

Formato APA, 7.ª edición


1. Aalbers, S., et al. (2017). Music therapy for depression. Cochrane Database of Systematic Reviews, (11), CD004517. https://doi.org/10.1002/14651858.CD004517.pub3


2. Holt-Lunstad, J., Smith, T. B., Baker, M., Harris, T., & Stephenson, D. (2015). Loneliness and social isolation as risk factors for mortality: A meta-analytic review. Perspectives on Psychological Science, 10(2), 227–237. https://doi.org/10.1177/1745691614568352


3. John, A., Glendenning, A. C., Marchant, A., Montgomery, P., Stewart, A., Wood, S., Lloyd, K., & Hawton, K. (2018). Self-harm, suicidal behaviours, and cyberbullying in children and young people: Systematic review. Journal of Medical Internet Research, 20(4), e129. https://doi.org/10.2196/jmir.9044


4. Joiner, T. E. (2005). Why people die by suicide. Harvard University Press.


5. Nesi, J. (2020). The impact of social media on youth mental health: Challenges and opportunities. North Carolina Medical Journal, 81(2), 116–121. https://doi.org/10.18043/ncm.81.2.116


6. Odgers, C. L., & Jensen, M. R. (2020). Annual Research Review: Adolescent mental health in the digital age: Facts, fears, and future directions. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 61(3), 336–348. https://doi.org/10.1111/jcpp.13190


7. Organización Panamericana de la Salud. (2025). PAHO launches initiative to curb rising suicide rates in the Americas. https://www.paho.org/en/news/10-9-2025-paho-launches-initiative-curb-rising-suicide-rates-americas


8. Organización Mundial de la Salud. (2025). From loneliness to social connection: Charting a path to healthier societies. https://www.who.int/publications/i/item/978240112360


9. Van Orden, K. A., Witte, T. K., Cukrowicz, K. C., Braithwaite, S. R., Selby, E. A., & Joiner, T. E. (2010). The interpersonal theory of suicide. Psychological Review, 117(2), 575–600. https://doi.org/10.1037/a0018697


Fuentes primarias: Entrevista personal a Nelson Angulo, 26 de octubre de 2026; datos descriptivos institucionales del Centro de Psicología Althea, correspondientes a una revisión de 280 personas atendidas, pendientes de documentación metodológica.


Nota de publicación: Este artículo tiene fines educativos y de sensibilización. No sustituye una evaluación psicológica o psiquiátrica. Ante pensamientos suicidas o riesgo inmediato, es fundamental buscar atención profesional y contactar los servicios de emergencia correspondientes.

 
 
 

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